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La Fed: preocupación por la escalada bélica con Irán

Los funcionarios de la Reserva Federal están cada vez más preocupados por la guerra con Irán


El conflicto en Medio Oriente está comenzando a alterar las perspectivas económicas de Estados Unidos y a intensificar las tensiones dentro de la Reserva Federal. La persistencia de la inflación, el aumento de los costos energéticos y las interrupciones en las cadenas de suministro están complicando las decisiones sobre las tasas de interés.

La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán está provocando impactos cada vez más notorios en la economía mundial y, en especial, en la política monetaria de Estados Unidos, transformándose de un conflicto que en un inicio parecía tener efectos económicos acotados en una creciente fuente de inquietud para quienes buscan contener la inflación en ese país.

Dentro de la Reserva Federal comienzan a surgir diferencias más marcadas sobre cuál debe ser la respuesta adecuada frente al nuevo escenario internacional. Algunos funcionarios consideran que las presiones inflacionarias podrían mantenerse bajo control y permitir futuros recortes de tasas de interés. Otros, en cambio, advierten que el conflicto podría provocar un repunte más persistente de los precios y obligar incluso a endurecer nuevamente la política monetaria.

La discusión se produce en un momento especialmente delicado para la economía estadounidense. Aunque la inflación ha mostrado cierta moderación respecto a sus niveles máximos de años anteriores, todavía permanece por encima del objetivo oficial del 2 % fijado por la Reserva Federal.

El prolongado conflicto en Irán ha complicado aún más ese panorama, afectando mercados energéticos, elevando costos de materias primas y generando nuevas tensiones sobre las cadenas globales de suministro.

El cambio de tono dentro de la Reserva Federal

A mediados de marzo, cuando los funcionarios de la Reserva Federal volvieron a congregarse apenas unas semanas después del estallido de la guerra, el presidente del banco central, Jerome Powell, mantenía todavía una postura bastante esperanzadora acerca del posible impacto económico del conflicto.

En ese momento, Powell planteó que los efectos inflacionarios serían probablemente pasajeros y se concentrarían sobre todo en el ámbito energético, una apreciación que dejaba abierta la opción de implementar al menos un recorte en las tasas de interés durante el año.

Los mercados financieros entendieron esas palabras como un indicio de que la Reserva Federal aún veía factible iniciar un proceso de flexibilización monetaria siempre que la inflación siguiera cediendo.

Al mismo tiempo, en Wall Street se intensificaba la expectativa de que Kevin Warsh, el candidato que Donald Trump respaldaba para suceder en algún momento a Powell, impulsara una postura de tasas más reducidas en caso de asumir la presidencia de la institución.

Sin embargo, el contexto cambió rápidamente.

El conflicto en Irán se prolongó bastante más de lo anticipado y empezó a provocar repercusiones económicas más amplias y duraderas; diez semanas después de su inicio, la percepción dentro de la Reserva Federal aparenta haberse tornado mucho más prudente.

Durante la reunión más reciente del banco central, celebrada a finales de abril, surgieron señales evidentes de desacuerdo entre distintos miembros del comité de política monetaria.

Tres altos funcionarios expresaron públicamente su desacuerdo con el tono de la declaración oficial emitida tras la reunión, particularmente con la idea de mantener un sesgo expansivo que sugiriera futuras reducciones de tasas.

Las voces que alertan sobre una inflación más persistente

Las presidentas de la Reserva Federal de Cleveland y Dallas, Beth Hammack y Lorie Logan, junto con el presidente de la Fed de Minneapolis, Neel Kashkari, dejaron clara su preocupación respecto a la posibilidad de que la inflación vuelva a fortalecerse.

En sus comunicados difundidos tras la reunión, los funcionarios expresaron dudas sobre si la Reserva Federal estaba ofreciendo una claridad adecuada respecto al aumento del riesgo de que las tasas permanezcan altas por un periodo más prolongado o incluso vuelvan a incrementarse.

Aunque solo tres miembros expresaron públicamente sus diferencias, varios economistas consideran que las preocupaciones podrían ser mucho más amplias dentro del comité.

El sistema de la Reserva Federal está compuesto por 19 integrantes, aunque únicamente 12 poseen derecho a voto en las decisiones oficiales de política monetaria. Esto significa que podrían existir otros funcionarios compartiendo la misma inquietud sin haber manifestado abiertamente su desacuerdo.

Analistas especializados en política monetaria sostienen que la división interna refleja la creciente dificultad de interpretar la evolución de la inflación en medio de un escenario internacional tan inestable.

La principal preocupación gira en torno a las expectativas inflacionarias. Si consumidores y empresas comienzan a creer que la inflación permanecerá alta durante mucho tiempo, podrían modificar sus decisiones económicas de manera que los aumentos de precios terminen perpetuándose.

Ese posible riesgo se ha convertido en uno de los aspectos que en este momento inquieta con mayor intensidad a varios miembros de la Reserva Federal.

El impacto de la guerra sobre las cadenas de suministro

Uno de los aspectos que más ha complicado el panorama económico es que el conflicto en Medio Oriente ya no afecta únicamente al petróleo.

Las tensiones relacionadas con Irán comenzaron a alterar el acceso global a otras materias primas estratégicas, incluyendo fertilizantes, aluminio y helio, insumos esenciales para numerosas industrias.

El alza en el costo de estos materiales está llevando a empresas de múltiples sectores a reestructurar sus cadenas de suministro y a explorar estrategias alternativas para asegurar su abastecimiento.

Varias empresas ya han optado por anticipar adquisiciones, ampliar la variedad de sus proveedores y reforzar sus inventarios con el fin de disminuir riesgos ante eventuales interrupciones adicionales.

Los sondeos corporativos más actuales indican que numerosas organizaciones vuelven a considerar la inestabilidad en la logística y el suministro como uno de sus retos operativos más importantes.

La situación recuerda parcialmente las dificultades registradas durante los primeros años posteriores a la pandemia, cuando las cadenas globales de suministro sufrieron fuertes interrupciones que alimentaron presiones inflacionarias alrededor del mundo.

Un indicador particularmente observado por los economistas es el Índice de Presión de la Cadena de Suministro Global elaborado por la Reserva Federal de Nueva York.

En abril, este indicador registró un fuerte aumento, alcanzando su nivel más alto desde 2022. El incremento refleja un deterioro importante en las condiciones de abastecimiento internacional y una creciente dificultad para transportar o conseguir determinados productos.

John Williams, presidente de la Reserva Federal de Nueva York, reconoció públicamente que el aumento del indicador evidencia problemas significativos en el funcionamiento de las cadenas globales de suministro.

El peligro de que surja otra oleada inflacionaria

La posibilidad de que las interrupciones actuales originen una fase inflacionaria más prolongada inquieta especialmente a los responsables de política monetaria.

Lorie Logan advirtió recientemente que el conflicto en Medio Oriente podría provocar interrupciones prolongadas o repetidas en los mercados de suministro, aumentando así las presiones inflacionarias.

La Reserva Federal enfrenta el desafío de que la inflación permanece desde hace tiempo por encima del objetivo oficial del 2 %, lo que aumenta la probabilidad de que consumidores y empresas terminen considerando normales unos niveles de inflación persistentemente altos.

Cuando sucede esto, la inflación deja de basarse solo en influencias externas y comienza a incorporarse en la dinámica habitual de la economía.

Las empresas empiezan a elevar sus precios ante la expectativa de costos más altos, mientras los trabajadores reclaman remuneraciones mayores para equilibrar el encarecimiento del costo de vida.

Ese proceso puede generar un círculo difícil de romper, obligando a los bancos centrales a mantener políticas monetarias restrictivas durante periodos más prolongados.

Por esa razón, algunos funcionarios de la Reserva Federal consideran que el actual contexto requiere mayor prudencia antes de pensar en reducir las tasas de interés.

Las expectativas inflacionarias siguen bajo vigilancia

Desde que comenzó el conflicto, las expectativas de inflación han pasado a ser uno de los indicadores que la Reserva Federal observa con mayor atención.

Jerome Powell ya había señalado en marzo que la percepción pública sobre la evolución futura de los precios influiría considerablemente en las decisiones del banco central.

La institución pone un énfasis particular en las expectativas de inflación a largo plazo, pues actúan como un indicador de la confianza en la capacidad de la Reserva Federal para mantener bajo control los precios.

Si la población cree que la inflación será controlada eventualmente, las decisiones económicas tienden a mantenerse relativamente estables. Pero si la confianza se deteriora, el comportamiento de consumidores e inversionistas puede acelerar todavía más las presiones inflacionarias.

Hasta ahora, varios indicadores muestran que las expectativas de inflación de largo plazo permanecen relativamente estables.

Encuestas realizadas por instituciones como la Universidad de Michigan, la Reserva Federal de Nueva York y el Conference Board indican que gran parte de los consumidores todavía cree que la inflación terminará moderándose con el tiempo.

Neel Kashkari admitió hace poco que estas cifras ofrecen un respiro alentador para quienes se encargan de definir la política monetaria.

Aun así, ciertos indicadores financieros empezaron a reflejar señales menos alentadoras.

Entre los indicadores más relevantes figura la tasa de equilibrio inflacionaria a diez años, una referencia empleada para estimar cómo evolucionará la inflación futura según la percepción de los mercados financieros.

Este indicador llegó hace poco a su punto más elevado en tres años, lo que despertó nuevamente interrogantes entre los inversionistas sobre cómo perciben la evolución futura de los precios.

El difícil equilibrio entre inflación y crecimiento

La Reserva Federal enfrenta actualmente uno de los escenarios más complejos de los últimos años.

Por un lado, necesita evitar que la inflación vuelva a acelerarse debido al impacto del conflicto internacional y las interrupciones de suministro. Por otro, un endurecimiento excesivo de la política monetaria podría afectar el crecimiento económico y debilitar el mercado laboral.

Las tasas de interés elevadas ya están generando presión sobre distintos sectores económicos, especialmente aquellos más dependientes del crédito, como vivienda, manufactura y pequeñas empresas.

No obstante, bajar las tasas demasiado pronto también podría implicar riesgos si las presiones inflacionarias vuelven a cobrar fuerza.

Ese frágil balance ha impulsado el aumento de las fracturas internas en la Reserva Federal.

Algunos funcionarios estiman que la economía aún sería capaz de absorber cierto nivel de relajación monetaria si la inflación continúa disminuyendo de forma gradual.

Algunos sostienen que el conflicto en Medio Oriente ha transformado por completo el escenario y que la institución tendría que alistarse para sostener una posición más estricta durante un periodo prolongado.

Los mercados financieros siguen atentos a cada señal

Las divergencias internas en la Reserva Federal igualmente son vigiladas de cerca por los inversionistas y los mercados financieros internacionales.

Las expectativas sobre futuros movimientos de tasas influyen directamente sobre bonos, acciones, préstamos hipotecarios y decisiones empresariales.

Cualquier indicio de que la Reserva Federal pueda aplazar los recortes de tasas o incluso evaluar nuevas subidas tiene el potencial de provocar movimientos bruscos en los mercados.

Además, la incertidumbre relacionada con el conflicto en Irán añade una capa extra de complejidad al panorama financiero global.

Los precios del petróleo mantienen una marcada sensibilidad ante cualquier cambio geopolítico en Medio Oriente, mientras las empresas procuran ajustarse a un escenario internacional que se vuelve cada vez más incierto.

En este escenario, los discursos, los reportes económicos y las intervenciones de los miembros de la Reserva Federal pasan a tener un peso decisivo para los mercados.

Una política monetaria cada vez más condicionada por la geopolítica

La evolución reciente del conflicto en Irán pone de manifiesto cómo la política monetaria actual se ve igualmente condicionada por elementos geopolíticos.

Lo que inicialmente parecía un conflicto regional comenzó a influir directamente sobre inflación, cadenas de suministro, expectativas económicas y decisiones de tasas de interés en la mayor economía del mundo.

La Reserva Federal enfrenta ahora el desafío de gestionar riesgos que van mucho más allá de los indicadores tradicionales de empleo y consumo.

Mientras la guerra continúe generando incertidumbre sobre energía, abastecimiento y estabilidad global, las presiones sobre la política monetaria estadounidense probablemente seguirán aumentando.

Por ahora, el banco central deja abierta la puerta a eventuales ajustes tanto al alza como a la baja, aunque las tensiones internas en aumento evidencian que alcanzar la estabilidad económica podría resultar un proceso bastante más arduo y extenso de lo que se creía hace solo unos meses.

Por Rodrigo Benítez

Especialista en Cultura y ocio

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