Samaná, península y provincia al nordeste de la República Dominicana, es un territorio donde la costa, los manglares y las montañas se conectan con comunidades humanas que viven del mar, la agricultura y el turismo. Su valor ecológico —bahías protegidas, manglares, bosques karsticos de Los Haitises y playas de arena blanca— exige modelos de convivencia que permitan recibir visitantes y generar ingresos sin degradar los ecosistemas ni desplazar a la población local.
Riqueza natural y patrimonio
- Habitats clave: manglares, estuarios, arrecifes de coral y bosques húmedos; cada uno actúa como vivero, barrera litoral y sumidero de carbono.
- Migraciones: la bahía de Samaná recibe cada año a las ballenas jorobadas durante la temporada reproductiva, principalmente entre enero y marzo, lo que convierte a la zona en un corredor marino de importancia hemisférica.
- Espacios protegidos: el Parque Nacional Los Haitises y otras zonas costeras resguardan formaciones kársticas, cavidades y diversidad de aves y peces.
Retos ambientales y sociales
- Presión turística: el incremento de viajeros en destinos como Cayo Levantado o Las Terrenas suele provocar desgaste litoral, contaminación y saturación de los servicios disponibles.
- Degradación de manglares y arrecifes: los rellenos para nuevos proyectos, la pesca dañina y diversas formas de polución reducen la capacidad reproductiva de las especies marinas y la defensa natural ante tormentas.
- Residuos sólidos y aguas residuales: la ausencia de infraestructuras eficientes en áreas rurales ocasiona descargas incontroladas y acumulación de desechos plásticos en riberas y playas.
- Cambio climático: la elevación del nivel del mar, los fenómenos meteorológicos intensos y el blanqueamiento de corales transforman los ecosistemas y alteran los periodos de pesca.
Prácticas sostenibles de ecoturismo y manejo responsable
- Observación de ballenas con criterios científicos: se realizan aproximaciones reguladas durante la temporada, manteniendo la distancia mínima sugerida (alrededor de 100 metros), acotando el periodo de contacto y disminuyendo la velocidad de las embarcaciones para minimizar el estrés y prevenir choques.
- Turismo comunitario: recorridos guiados por cooperativas locales (como en la zona de la cascada El Limón o en los senderos de Las Terrenas y Las Galeras) que permiten distribuir mejor los ingresos y fortalecer la identidad cultural.
- Zonificación costera: delimitación de espacios para la pesca artesanal, el ocio y la protección estricta de áreas marinas resguardadas, lo que favorece la recuperación de peces y la conservación del coral.
- Buenas prácticas náuticas: motores correctamente mantenidos para disminuir emisiones, empleo de combustibles más limpios cuando resulte viable y medidas que evitan anclar sobre zonas coralinas.
Opciones de hospedaje y prestaciones ecológicamente responsables
- Hospedaje responsable: hoteles y posadas que implementan sistemas de ahorro de agua, reciclaje, energías renovables a pequeña escala y compras a productores locales reducen la huella ambiental y aumentan el beneficio comunitario.
- Certificaciones y sellos: optar por alojamientos con reconocimiento local o nacional en prácticas sostenibles (uso eficiente de recursos, manejo de residuos, empleo local) ayuda a orientar la demanda.
- Ejemplos prácticos: instalaciones que reutilizan aguas grises para riego, compostan residuos orgánicos para agricultura urbana y ofrecen productos de la pesca responsable son modelos replicables.
Accesibilidad y movilidad con impacto reducido
- Acceso: el Aeropuerto Internacional El Catey ofrece enlaces internos; aun así, para minimizar emisiones muchos viajeros optan por transporte compartido o por traslados colectivos que parten desde Santo Domingo u otras ciudades.
- Movilidad local: impulsar el uso de bicicletas, recorridos a pie guiados y vehículos eléctricos en áreas urbanas y zonas turísticas ayuda a reducir tanto el ruido como la contaminación.
Gestión de desechos y recursos hídricos
- Reducción en origen: promover el uso de envases reutilizables, eliminar plásticos de un solo uso en playas y centros turísticos.
- Sistemas locales: instalar plantas de tratamiento de aguas a nivel municipal o de alojamiento, y programas de reciclaje que involucren a comercios y cooperativas.
- Recolección y economía circular: iniciativas que convierten residuos orgánicos en compost y plásticos en materia prima para artesanías aumentan ingresos y reducen desechos.
Preservación comunitaria: experiencias y aprendizajes
- Proyectos de reforestación: diversas iniciativas comunitarias orientadas a restaurar manglares y cuencas han evidenciado un aumento en la presencia de peces juveniles y una notable disminución de la erosión a lo largo de zonas costeras.
- Educación ambiental: propuestas formativas en centros escolares y con guías turísticos han impulsado cambios en las prácticas de pesca y en el manejo de las playas, sumando la labor de guardias ambientales organizados por la comunidad.
- Participación ciudadana: la articulación de comités de vigilancia y mesas de trabajo que reúnen a autoridades, propietarios privados y cooperativas ha facilitado la regulación de acciones como el fondeo de embarcaciones y la recolección de recursos.
Consejos útiles para quienes visitan
- Seleccionar operadores responsables: verificar que las excursiones para avistar ballenas y los recorridos por parques apliquen normas adecuadas de distancia y duración.
- Disminuir el uso de plásticos: portar una botella reutilizable, usar bolsas de tela y dejar de lado artículos con envoltorios superfluos.
- Respetar rutas y señalizaciones: mantenerse dentro de los senderos designados, evitar arrancar vegetación y no perturbar a los animales.
- Fomentar el consumo local: optar por comercios, restaurantes y artesanos del área para que el impacto económico beneficie directamente a la comunidad.
- Revisar información previa: conocer las temporadas sensibles, como los periodos de reproducción, y organizar las visitas fuera de los momentos de mayor afluencia para disminuir la presión.
Directrices, administración y evaluación del impacto
- Marco regulatorio: es necesario que las autoridades locales y nacionales articulen normas claras sobre ecoturismo, gestión costera y manejo de residuos, con fiscalización y participación ciudadana.
- Monitoreo: indicadores útiles incluyen calidad del agua, cobertura de manglar, abundancia de especies claves (como corales y poblaciones reproductivas de ballenas) y porcentajes de ingreso turístico que llegan a comunidades.
- Financiamiento: mecanismos como tasas turísticas destinadas a conservación, fondos concursables para proyectos comunitarios y alianzas público-privadas han mostrado ser herramientas efectivas.
Equilibrio financiero y social
La sostenibilidad en Samaná implica que el turismo siga siendo fuente de empleo sin convertir el territorio en un recurso exclusivamente rentista. La redistribución justa de ingresos, la capacitación técnica a guías y pescadores para prácticas sostenibles, y el apoyo a emprendimientos locales (agroecología, pesca responsable, artesanía) generan resiliencia ante fluctuaciones del mercado y efectos climáticos.
Cohabitar con la naturaleza en Samaná exige decisiones conscientes a todos los niveles: visitantes que actúan con respeto, empresarios que adoptan modelos circulares, comunidades que lideran la conservación y autoridades que regulan y facilitan. La experiencia de Samaná puede ser un ejemplo de cómo equilibrar bienestar humano y salud ecológica si las prácticas cotidianas —desde elegir un hospedaje hasta respetar el tiempo de acercamiento a una ballena— se alinean con un propósito común: dejar el lugar mejor o igual a como se encontró, permitiendo que las generaciones futuras sigan disfrutando de sus playas, manglares y cantos marinos.

