La República Dominicana atraviesa una fase de transición energética impulsada por la urgencia de garantizar el abastecimiento, disminuir los costos y enfrentar los efectos del clima, mientras combina una matriz históricamente dependiente de combustibles fósiles con un destacado potencial en energía solar, eólica y biomasa, una sinergia que abre oportunidades relevantes para impulsar el empleo verde y fortalecer el desarrollo de capacidades locales.
Estado actual del sistema eléctrico
El parque de generación dominicano reúne plantas térmicas (tanto a gas como a carbón), hidroeléctricas de mediana y pequeña escala, cogeneración en la industria azucarera y un creciente componente de solar y eólica. Una planta de referencia reciente es la central termoeléctrica de Punta Catalina (carbón), cuyo inicio de operaciones a principios de la década de 2020 generó debate sobre sostenibilidad y costos, incentivando así mayor atención a opciones renovables. La demanda eléctrica ha mostrado crecimiento interanual moderado y picos de consumo que requieren flexibilidad y almacenamiento para integrar más renovables.
Potencial renovable del país
- Solar: la irradiación en gran parte del territorio supera los 4,5–5 kWh/m²/día, lo que favorece instalaciones fotovoltaicas tanto a escala utility como en techo (generación distribuida) para sectores residencial, comercial y turístico.
- Eólica: existen corredores con vientos constantes en el suroeste y en la franja norte, adecuados para parques eólicos onshore; la posibilidad offshore es promesa de mediano plazo.
- Biomasa y cogeneración: la agroindustria azucarera ofrece bagazo y residuos agrícolas aprovechables para cogeneración o biogás, integrando energías renovables con la cadena productiva local.
- Hidroeléctrica a pequeña escala: ríos y microcuencas permiten plantas de menor impacto ambiental orientadas a comunidades rurales.
- Almacenamiento y electrificación: el despliegue de baterías, gestión de la demanda y la electrificación del transporte son ejes clave para absorber gran proporción de renovables.
Proyectos y casos representativos
- Parques solares y eólicos en expansión: en los últimos años se han puesto en marcha y adjudicado múltiples proyectos fotovoltaicos y eólicos que han incrementado la disponibilidad de energía renovable. Estas iniciativas evidencian su solidez técnica y económica, además de aportar experiencia local en construcción y operación.
- Cogeneración en ingenios: diversos ingenios azucareros emplean el bagazo para producir electricidad, parte de la cual puede destinarse a la red o a procesos industriales, generando puestos de trabajo vinculados al mantenimiento y la operación.
- Generación distribuida en turismo y comercios: hoteles y centros comerciales en zonas como Punta Cana y Bávaro han instalado paneles solares para disminuir costos y reducir su impacto ambiental, lo que impulsa la demanda de servicios de instalación y mantenimiento.
- Financiamiento multilateral: instituciones como bancos multilaterales han respaldado programas de eficiencia energética y energías renovables, ofreciendo esquemas de crédito y apoyo técnico para iniciativas públicas y privadas.
Marco institucional y formación
El Ministerio de Energía y Minas junto con la Comisión Nacional de Energía desempeñan un papel clave en la planificación, supervisión y fomento de las políticas energéticas. En el ámbito educativo, el Instituto Nacional de Formación Técnico Profesional (INFOTEP) y diversas universidades técnicas imparten programas y diplomados enfocados en la instalación de sistemas fotovoltaicos, la operación de parques eólicos y el mantenimiento industrial. La coordinación entre empresas, autoridades gubernamentales y centros de capacitación resulta esencial para impulsar el desarrollo del talento local.
Clases de trabajos ecológicos y competencias necesarias
- Instaladores y técnicos fotovoltaicos: montaje, cableado, puesta en marcha y mantenimiento de sistemas solares en techos y plantas.
- Técnicos y operadores de parques eólicos: operación de turbinas, inspección, mantenimiento mecánico y eléctrico.
- Especialistas en almacenamiento y redes inteligentes: diseño e integración de baterías, sistemas de control y gestión de la demanda.
- Ingenieros de proyecto y desarrolladores: evaluación de recursos, estudios de viabilidad, permisos y negociación de contratos de compraventa de energía (PPA).
- Técnicos en cogeneración y biogás: operación de plantas de biomasa y gestión de residuos energéticos.
- Profesionales en eficiencia energética: auditorías, certificación de edificios, retrofits y monitoreo de consumo.
- Roles de apoyo: gestión financiera de proyectos, consultoría ambiental, comunicación comunitaria y formación técnica.
Habilidades transversales: electrónica básica, seguridad industrial, lectura de planos, uso de herramientas digitales (software de diseño y monitoreo), y competencias blandas como trabajo en equipo y gestión de proyectos.
Formas de sacar partido a las oportunidades: sugerencias prácticas
- Para gobiernos y reguladores: agilizar los procesos de conexión de la generación distribuida, otorgar incentivos fiscales de carácter temporal y fomentar iniciativas de recualificación laboral orientadas a oficios verdes.
- Para empresas: destinar recursos a la capacitación interna, crear vínculos con centros técnicos como INFOTEP y universidades, y dar preferencia a la contratación local durante el desarrollo y la operación de los proyectos.
- Para emprendedores y trabajadores: formarse en instalación solar fotovoltaica, mantenimiento de sistemas eólicos y prácticas de eficiencia energética; además, obtener certificaciones reconocidas y adquirir experiencia práctica mediante pasantías.
- Para organismos de financiamiento: estructurar líneas de crédito accesibles para pymes y proyectos comunitarios, combinando subvenciones con instrumentos que mitiguen el riesgo inicial.
Obstáculos vigentes y posibles rutas de respuesta
- Integración a la red: la variabilidad de solar y eólica exige inversión en redes, gestión y almacenamiento; soluciones: modernización de la red, pilotaje de baterías y mejoras en planificación de despacho.
- Financiamiento y percepción de riesgo: proyectos son sensibles a condiciones macro y regulaciones; soluciones: garantías parciales, esquemas PPA a largo plazo y mayor transparencia en licitaciones.
- Déficit de habilidades: falta de técnicos especializados en algunas regiones; soluciones: ampliación de formación técnica, cursos modulares y certificaciones prácticas.
- Resistencia social y ambiental: proyectos deben incorporar consultas y evaluaciones de impacto para asegurar beneficios locales y minimizar conflictos.
Repercusiones sociales, económicas y ambientales
El avance de las energías renovables puede disminuir la dependencia de combustibles importados, favorecer la estabilidad de las tarifas eléctricas a mediano plazo y recortar las emisiones del sector energético. También impulsa la creación de empleo local en tareas de instalación, operación y mantenimiento, fortalece las cadenas de valor vinculadas (logística, ensamblaje, servicios) y aporta al crecimiento de las áreas rurales mediante electrificación y proyectos gestionados por la comunidad. La prioridad radica en encaminar estos beneficios hacia la inclusión social y la formación.
Oportunidades concretas para distintos actores
- Jóvenes técnicos: capacitarse en la instalación y el mantenimiento de paneles solares y sistemas de almacenamiento, lo que abre oportunidades laborales en compañías de energía, construcción y turismo.
- Empresas turísticas: incorporar generación renovable en sus hoteles para disminuir gastos operativos y fortalecer su perfil ambiental, impulsando así la demanda de servicios locales.
- Pymes agrícolas: aplicar cogeneración con desechos agrícolas o colocar sistemas solares para riego y procesamiento, con el fin de bajar costos y explorar nuevos nichos de mercado.
- Sector público: impulsar proyectos de demostración en escuelas y centros de salud que faciliten la formación de capital humano y evidencien beneficios concretos.
La transición hacia energías renovables en la República Dominicana no es solo una meta ambiental: es una oportunidad económica y social para diversificar la matriz, fortalecer la seguridad energética y generar empleos de calidad en todas las regiones del país. Lograrlo exige políticas claras, formación técnica ampliada, financiamiento adaptado y proyectos que integren a comunidades locales; con esas condiciones, la energía limpia puede convertirse en motor de desarrollo inclusivo y resiliente, transformando desafíos climáticos en oportunidades laborales y productivas.

