Dajabón, ciudad cabecera de la provincia homónima en la frontera noroeste de la República Dominicana, es un nodo simbólico y práctico del vínculo entre dos países vecinos: República Dominicana y Haití. Su mercado binacional, las pasarelas comerciales informales y las relaciones cotidianas entre poblaciones de ambos lados ilustran tanto la interdependencia económica como los desafíos sociales, políticos y ambientales que trae la gestión de una frontera.
Aunque hoy Dajabón se asocia principalmente con el intercambio comercial y el tránsito diario, la región arrastra episodios de conflicto y dolor que influyen en la forma en que se relacionan sus habitantes. En los años treinta, la masacre de 1937, ordenada por el régimen dominicano de entonces, provocó una fractura profunda al afectar a comunidades haitianas situadas en la frontera. En tiempos más recientes, sucesos como el terremoto de Haití en 2010 y la pandemia de 2020 transformaron de manera drástica los movimientos de personas y el comercio: el aumento de la población en tránsito, la necesidad de asistencia humanitaria y las restricciones sanitarias en la frontera alteraron temporalmente la dinámica habitual. Estos acontecimientos evidencian cómo el pasado continúa condicionando la confianza y la gestión local.
El comercio en la frontera: su organización y operativa
El comercio en Dajabón combina formas formales e informales:
- Mercado binacional: funciona como punto semanal de encuentro comercial en el que comerciantes y consumidores de ambos países compran y venden bienes variados: alimentos agrícolas (yuca, plátano, cebolla), ropa usada, utensilios, herramientas, combustible y productos industriales de bajo costo. En días de mercado el flujo de personas puede aumentar notablemente, transformando la plaza en un centro económico regional.
- Intercambio informal y contrabando: debido a diferencias arancelarias, precios y oferta, parte del comercio ocurre al margen de aduanas y controles. Esto incluye transporte de mercancías sin documentación aduanera, ventas en puestos informales y cadenas de distribución que evaden impuestos.
- Servicios transfronterizos: transporte, alojamiento, remesas informales y servicios de intermediación. Muchos habitantes locales se dedican a actividades conexas al mercado: acarreo, hospedaje temporal, alimentación y cambios de moneda no oficiales.
- Agencias y controles oficiales: aduanas, migración y fuerzas de seguridad intentan regular el tránsito y los impuestos, aunque la capacidad de fiscalizar todos los movimientos es limitada en días de alta afluencia.
Impactos económicos y sociales
- Generación de ingresos locales: el mercado fomenta ventas directas e indirectas que permiten sostener a numerosos hogares en Dajabón y en comunidades cercanas, donde tanto comerciantes minoristas como transportistas encuentran en la actividad semanal su principal fuente de sustento.
- Acceso a bienes a bajo costo: para las comunidades haitianas próximas, Dajabón funciona como un punto asequible para obtener alimentos y vestimenta, mientras que para la población dominicana facilita la compra de productos que no se elaboran ni se cultivan en la zona.
- Vulnerabilidad y precariedad laboral: la actividad informal implica ausencia de garantías laborales, ingresos inestables y mayor riesgo ante cierres fronterizos imprevistos o restricciones sanitarias.
- Tensiones sociales y estigmas: la disputa por recursos y la percepción de contrabando o migración irregular generan brotes de xenofobia y fricciones esporádicas entre distintos grupos.
Ejemplos y vivencias específicas
- Cierre temporal por emergencias sanitarias: durante la pandemia de 2020, restricciones y cierres fronterizos provocaron pérdidas inmediatas de ingresos para comerciantes y trabajadores informales; muchas familias vieron reducidas sus fuentes de sustento y varios mercados sustituyeron las operaciones presenciales por redes de intermediarios locales.
- Proyectos de formalización piloto: en ocasiones gobiernos y organizaciones internacionales han promovido registros de comerciantes, puntos de pago ágiles y mejoras de infraestructura con resultados mixtos: aumentos en recaudación local cuando se acompaña con incentivos y capacitación, pero rechazo si se percibe como carga impositiva sin beneficios tangibles.
- Iniciativas de cooperación municipal: autoridades locales dominicanas y haitianas han impulsado foros binacionales y acuerdos para coordinar limpieza, control sanitario y gestión del mercado; esos espacios son valiosos para resolver conflictos cotidianos.
Enseñanzas sobre la convivencia que brinda Dajabón
- La interdependencia económica favorece la paz práctica: cuando comunidades y comerciantes perciben beneficios mutuos del cruce fronterizo, disminuyen incentivos para la hostilidad abierta.
- La formalidad debe ser gradual y con reconocimiento de realidades locales: imponer regulaciones sin alternativas económicas genera resistencia; los procesos exitosos combinan incentivos, capacitación y mejora de servicios.
- Los espacios de diálogo local funcionan: mesas binacionales, comités municipales y organizaciones comunitarias facilitan la resolución de conflictos antes de que escalen.
- La infraestructura y servicios públicos reducen fricciones: mercados organizados, sistemas de gestión de residuos, control sanitario y vías de transporte eficientes mejoran la convivencia cotidiana.
- La memoria histórica requiere gestión reparadora: abordar pasados traumáticos con memoria, reconocimiento y educación contribuye a construir confianza intercomunitaria.
- La gestión ambiental es parte de la seguridad fronteriza: cooperación para restaurar cuencas, reforestar y gestionar riesgos climáticos protege medios de vida compartidos.
Recomendaciones prácticas
- Impulsar la formalización gradual: aplicar registros simplificados, puntos móviles de pago y microcréditos asociados a la inscripción fiscal para incorporar a los comerciantes sin frenar su actividad.
- Reforzar las capacidades locales: ofrecer formación en logística, control de calidad y comercio electrónico para ampliar fuentes de ingreso y disminuir la exposición a riesgos.
- Establecer canales permanentes de diálogo binacional: consolidar comités transfronterizos con participación municipal, empresarial y de la sociedad civil que faciliten la resolución de conflictos y la coordinación de políticas.
- Destinar recursos a infraestructura sanitaria y comercial: habilitar baños, zonas de almacenamiento, sistemas de gestión de desechos y vías de acceso que optimicen las condiciones de higiene y de operación.
- Incorporar una gestión ambiental compartida: impulsar proyectos de reforestación, administración conjunta de cuencas y acciones de prevención ante desastres naturales.
- Diseñar planes coordinados de respuesta ante emergencias: definir protocolos comunes para enfrentar pandemias, desplazamientos masivos o crisis económicas que eviten cierres repentinos y resguarden a los grupos más vulnerables.
Dajabón evidencia que una frontera puede funcionar al mismo tiempo como punto de separación y espacio de acercamiento, donde los mercados y la vida diaria muestran cómo es posible convertir situaciones frágiles en formas de resiliencia; políticas que integren una formalización cuidadosa, inversión estatal, diálogo continuo y valoración de la memoria local pueden transformar esa interdependencia en una base sólida para el desarrollo regional. La vivencia en Dajabón anima a concebir fronteras administradas no solo como zonas de control, sino también como entornos compartidos que generen oportunidades y una responsabilidad conjunta.

